
En los confines de la tierra venezolana, las aguas surcan el suelo como trazos de una deidad fundadora. Con cada nueva línea, el tiempo, ese otro dios minucioso, ha dado forma a la movediza subsistencia de los hombres. Un destino que viene y va, como el oscilar de la corriente.
Fotografía: Orlando D’Elia.
2 comentarios:
Bueno, vengo a devolverte la visita gracias por las sugerencias "a justicia" jejeje..
Besos!
Lémur:
Una cierta desolación en este blog dará la impresión de una casa abandonada. Sirva esta nota como constancia de que el dueño continúa echándole su ojito.
Besos a ti.
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